Recientemente he notado una tendencia, que si venia desarrollándose desde hace tiempo a mi se me ha escapado por completo. Lo que es cierto es que el efecto que me da es casí físico como si me hubiesen dado con un puño en la cabeza.
Se trata del momento en que dos marcas se colisionan, una identidad corporativa contra otra. Un especie de co-branding involuntario o más bien acidental.
Os explico…cada mañana en mi paseo hacía el estudio paso por diferentes tiendas y carteles, cómo hace todo el mundo. Una de esas es una tienda Vodafone. Ahora, cierra los ojos y intenta visualizarte una tienda Vodafone… ¿bastante fácil no? Seguramente lo primero que ves es el color rojo y después el logo en forma del caracter ´ junto con el logotipo. Quizás hasta algún eslogan te viene a la cabeza…en resumen, es el resultado de una estrategía de branding bien ejecutado.
El otro elemento
Una tienda es un ejemplo de un sistema gráfico de identificación establecido en un espacio físico tri-dimensional, en inglés, el brand environment. ¿Qué pasa cuándo se introduce otro sistema de identificación que no está pensada para este ambiente en particular? Lo que surge es una confusión visual y comunicativa que produce lo que yo llamaría un especie brand distorsion, distorsión de marca.
Eso es lo que a mi me pasa cada mañana cuándo paso por la tienda Vodafone. En vez de focarse en los productos, mensajes y los valores que la tienda me intenta transmitir, mis ojos se dirigen a un hombre que si bien no es parte de Vodafone, juega un papel predominante en la la tienda. Lleva uniforme que no tiene nada que ver con el de los empleados porque mientras los dependientes de Vodafone llevan conjuntos rojos, nuestro hombre lleva un uniforme marrón, con detalles amarillos, casí militar en su aspecto. ¿Quién es?
Estoy hablando del personal de vigilancia contratado por Vodafone para que los clientes, el personal de Vodafone y los teléfonos se sientan seguros.
He notado que muchas veces estos guardias también hacen tareas en las tiendas, ordenando cajas, poniendo teléfonos en los escaparates etc. Esto seguramente es debido al carácter del trabajo de vigilante: es aburrido. En un 99,5 % del tiempo no pasa nada que su atención.
Me parece genial que el vigilante ayude, además, es innato en el ser humano de producir y ser activo, más divertido ayudar que estar quieto haciendo nada.
Mi dilema aparece al considerar el conjunto desde un punto de vista visual y de construcción de marca. El hecho de que mis ojos se centren en el vigilante en vez de los escaparates y en los mensajes de Vodafone, es una muestra de cómo se deshace y distorsiona la estrategía del diseño de Vodafone. Esto me parece bastante grave, estamos hablando de millones de euros de inversión en la marca.
Cómo nunca he leído ningún brand book hecho para empresas de vigilancia y tampoco he encontrado secciones en los libros de otras empresas, he llegado a la conclusión de que esto es un asunto que no se ha tratado demasiado. Se escribe sobre zonas de exclusión en temas de logotipos pero no sobre el comportamiento de representantes fisicos de otras marcas dentro de un sistema.
Entiendo perfectamente que se necesita (lamentablemente) los servicios de seguridad, por eso propongo que para evitar o suavizar estas colisiones que se introduzca un paleta de colores standard para la empresas de vigilancia. Me gustaría ver colores más neutros cómo p ej un beige con elementos blancos. (sigue teniendo conotaciones militares pero no tan fuerte como el marrón tipo UPS que actualmente se utiliza en España). Reconozco que esta problemática es un desafío para las empresas de vigilancia. Deben distinguirse entre ellos, y además no imponerse y actuar como intrusos de las marcas a quiénes están dando un servicio.
Es muy probable que este no sea realmente un problema y que sea un exagerando y un tanto susceptible… J Pero opino que es un tema que vale la pena reconocer que existe e incluso discutir. Hay otros problemas relacionados con esto p ej la actitud de falsa autoridad del vigilante. Mi reacción inmediata cuándo veo una policía quizás es negativa y lo mismo me pasa con los vigilantes, ¿cómo puede ayudar eso a una marca? ¿O deberíamos tomarlo cómo un mal necesario?. Me temo que es un tema que vamos a ver más en estos tiempos de guerra perpetua contra el terrorismo. Pero sobre eso escribiré en otra nota… “La estilización del miedo…”.